Noe's profileEl DesahogaderoPhotosBlogListsMore ![]() | Help |
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September 24 En condicional
¿Y si un día te pidieran que relatases tu vida?
¿Y si ese día no se te ocurre nada que decir? ¿Y si sientes que tu estancia en este mundo aparece tan vacía como tu respuesta?
¿Y si no basta con comentar la última prenda de moda, la última faena del jefe, lo mal que se portan los niños, las humedades del salón, los ladridos del perro del vecino?
¿Y si el relato se queda en folletín de supermercado, o en catálogo de coches?
¿Y si tu cuento no lo quisiera leer nadie? ¿Y si a ti mismo no te interesara? ¿Y si te pareciera haberlo leído ya antes?
¿Y si no hubiera aventura, ni amor, ni emoción, ni retos, ni triunfos, ni siquiera derrotas? ¿Y si sólo fueran verbos: ir, venir, volver, empezar, terminar, correr, dormir, comer, morir?
¿Y si eso te importara? ¿Y si eso te doliera? ¿Y si no te conformaras?
¿Y si empiezas a escribir hoy? May 06 Una lección, o dos, sobre la confianza.
Mi padre nació en el campo.
Hay ciertas formas de razonar, útiles para comprender la realidad, que la gente de campo parece adquirir de nacimiento. Mi padre es un ejemplo muy claro de esto, y yo, como hija criada en la ciudad, puedo afirmar que no es genéticamente como se consigue apreciar así las cosas, porque él, desde pequeña, me ha enseñado a entender el mundo de una manera muy peculiar.
Una de las lecciones que me enseñó mi padre, y que he ido valorando más cada vez con el paso del tiempo, es que el vino dulce no se bebe sentada. Porque es cuando tienes que sentarte, cuando has de parar. Lamentablemente soy bastante cabezota, así que tuve que experimentar en mis propias carnes lo lleno de sentido que estaba este consejo.
Otra de estas valiosas enseñanzas, y el objeto de esta entrada, se me quedó grabada, y no voy a olvidarla. Trata de la confianza.
Hasta que cumplí once años, pasábamos los veranos en el pueblo. Veranos muy cálidos, con olor a terruño y hojas de olivo secas, con el sonido de las chicharras grabado a fuego en las memorias entonces infantiles. De tarde en tarde, nos acercaban los mayores al cortijo.
Me preguntaba Gonzalo el otro día cómo son los cortijos en Andalucía. La palabra cortijo procede del latín cohorticula, diminutivo de cohors, patio, corral, y es así, que los cortijos están construidos normalmente en torno a un patio. Son edificios muy funcionales, muy prácticos, y su estructura depende del tipo de explotación agrícola a la que esté dedicado el edificio. El de esta historia es un cortijo olivarero.
Desde fuera, mucho antes de estar siquiera cerca, se ve el cortijo como un todo cerrado, una gran mancha blanca. Y pese a la dureza que se intuye, la imagen se me hace blanda, por el suave color de los olivos, que más que verdes van tirando a plata. También, en el cortijo, había chumberas, lo que contrasta igual el dulce de los frutos con el pinchazo a evitar si quieres conseguirlos.
Tenía el cortijo varios establos, y, pues siempre he preferido la soledad a los gritos y juegos de otros niños, me divertía buscando verde entre lo seco para darle de comer a las cabritas.
Para cuidar de que no entraran rapaces amigos de lo ajeno, en el cortijo siempre había varios perros. No eran muy amigables, y por ello, otro de los juegos que intentaba cuando tenía un ratito para desaparecer, consistía en robar la confianza de estos animales a base de cariño. Les ofrecía los restos de los bocatas que mi madre nos daba para merendar, o incluso, previendo, traía de casa algún trozo de jamón o queso que se hubiera quedado un poco seco. Cuando el animal había comido un par de veces, al principio con recelo, se dejaba acariciar. Cuando se había dejado acariciar lo suficiente, llevaba a cabo con él pequeños juegos, le impulsaba a saltar o correr un poco, a acudir a la llamada reconfortándole después, y, cada vez más rápido, pues era cuestión de práctica, de aprender qué teclas había que pulsar, iba domesticando galgos, podencos y también mastines.
Pues es casual, y afortunado, ya que los mayores no acostumbraban a vigilarme asiduamente, que un día mi padre se percató del transcurso de estos juegos. Y muy serio me dijo que dejara de relacionarme con los perros, que ni siquiera los mirara, o se iba a enfadar conmigo.
No me dio más explicaciones, pues consideró su autoridad suficiente como para imbuirme obediencia y comprensión a iguales partes. Pero como ya he dicho, soy bastante cabezota, y entendí que lo que le pasaba a mi padre es que le había dado miedo, ya por el carácter de estos perros, ya por el tamaño de algunos de ellos. Un miedo lógico para el tutor que observa a un niño pequeño jugar con lo que puede convertirse en fuego. De todas formas en aquella época aún no se habían dado tantas noticias de ataques perrunos como las que invadieron los periódicos hace un par de años. Y además la experiencia me decía que, si bien a veces los perros podían revolverse, era cuestión de saber torear el momento y soportar con entereza alguna tarascada.
Así pues, continué con mis juegos sin siquiera ocultarme de la mirada severa de mi padre.
La regañina se repitió alguna otra vez con el mismo resultado, hasta que un día el hombre vio la oportunidad de mostrarme el porqué de aquello que no había logrado transmitirme con palabras.
Pasaban de las siete de la tarde, y aunque aún no había comenzado a anochecer, si estaba ya instalada la quietud que indica que empieza a acabarse el día. Estaba yo con las cabras, a las que podía acariciar sin reparos adultos, cuando apareció mi hermano menor, pequeño por entonces.
- ¡Corre Noe, ven, que te llama papá! - Y salió fugaz hacia la parte trasera del cortijo.
Llegamos a donde esperaba mi padre, que nos cogió a los dos, cada uno de una mano. Andamos un ratito, acercándonos cada vez más a un olivo viejo y grande, del que parecía colgar algo.
A unos diez metros paramos. Mi hermano intentó acercarse un poco más, pero una mano grande le frenaba el ímpetu. Yo no lo intenté. Estaba horrorizada, porque lo que colgaba, inerte y al mismo tiempo rodeado de vida carroñera era un perro grande, cubierto de sangre seca, cuyas cuencas oculares, vacías, iban a aparecer en mis sueños por una larga temporada, acusadoras.
- ¡No veas papá! ¿Qué le ha pasado al perro? - grita agudo mi hermanito. - Vinieron a robar al cortijo unos hombres, y el perro se fió de ellos, y cuando estaba bastante cerca de ellos lo pillaron y lo mataron, para que no les molestara. Estos perros están aquí para cuidar el campo de las personas malas, por eso tienen que ser malos ellos también, porque si son buenos y confían en la gente, les puede pasar esto. - ¡Qué malos! ¡Quiero verlo de cerca! - Ya lo has visto bastante cerca, ahora a la piscina a jugar.
Nunca podré saber si el perro era uno de los que acaricié durante aquellas tardes veraniegas, tampoco importa mucho realmente. Quizás el perro ni siquiera confió en los ladrones, sino que lo cogieron entre varios de ellos, o mediante mañas o comida. Sé ahora que a veces actúan envenenándolos, y que ciertas crueldades ocurren tomes las precauciones que tomes.
Pero durante muchas noches me atormenté pensando en todo lo que debió haber sufrido el animal hasta su muerte. En la traición humana. En mi posible culpa. En la ignorancia y sus consecuencias. En que pese a todo no iba a obedecer sin más a lo que me dijeran, ni mi padre, ni nadie, pero que la soberbia había que controlarla, y al menos preguntar a quien te quiere bien, porqué pretende que cambies tu conducta. En lo fácil que es estar equivocado, y que todo te indique que estás haciendo bien. Hay que saber confiar.
Y en que hay que saber desconfiar también. Que los demás no son siempre como tú, y que aunque un día puede que sí lo hayan sido, a las personas, a menudo, se les pudre el alma.
Noelia. April 14 Amor (crudo o pasado). Dos cuentecitos, II.Este es el segundo cuento de aquel día.
Por ahora quienes lo han leído lo han ido asimilando según su propio momento, y eso ha hecho que comprendieran algo distinto de lo que quería decir con él. Es un ejemplo de que lo que se expresa es sólo una pequeña parte de lo que se comunica, porque para comunicar se necesitan como mínimo dos personas, y cada una realiza su propia asimilación del mensaje.
Quizás sería bueno estar abiertos siempre a una charla posterior sobre eso o aquello que nos han dicho, al menos si queremos sacar algo en claro, algo productivo. Lamentablemente, la mayoría de las veces, nos es más fácil encerrarnos en nuestros propios pensamientos y no dar lugar a entender lo que nos han querido decir.
Allá va:
Amor (crudo o pasado). 'Te amo, y por eso... Desataría los nudos que atan las penas a tu alma, pero siento decirte que para ello necesito entender, al menos, cómo están enlazados los míos, y eso, por alguna razón, que hasta ahora desconozco, eso, no puedo hacerlo. Rompería con furor los muros que te impiden salir adelante, y encontrar tu camino, pero siento decirte, también, que los míos, aún sabiendo que son de cartón piedra, permanecen perennes evitándome el paso. Te guiaría abrazado con todas mis fuerzas por ese sendero que te conducirá, deslizándote, a la felicidad, pero tengo los ojos tapados, con mis manos; y no es ya que no vea yo tampoco el camino, es que no tengo ni siquiera la posibilidad de estrecharte. Te haría libre, te daría alas, te volvería infinito. Pero, mira, soy esclava amarrada a la tierra y limitada, y por eso. Porque te amo. Sólo me queda pedirte que te quedes conmigo.' December 23 Lo más conveniente.Había una vez una niña q lo sabía todo, todo de la vida, desde lo mas grande hasta lo más pequeño, desde lo más alto a lo más bajito, desde lo que estaba cerca hasta lo q le quedaba muy lejos. Nunca preguntaba a nadie, nunca tenía curiosidad por nada, porque tenía todas las respuestas.
Al principio, la gente le preguntaba constantemente. Todo el mundo quería saber cosas, unos le preguntaban sobre detalles de su vida, otros sobre los grandes enigmas de la humanidad, pero todos necesitaban saber algo, todos querían compartir un pedacito del saber de la niña.
El problema es que a veces, la respuesta no era la que esperaban. No era la que necesitaban. No era la que querían.
Y poco a poco, toda esa gente, se fue alejando de la niña. Ya nadie quería saber nada de lo q ella podía decir. Unos simplemente la ignoraban intentando olvidar incluso q alguna vez existió, trantando de borrar así aquella respuesta q les había desilusionado. Otros no hicieron por olvidarla, pero de no hacer el esfuerzo, se les fue olvidando sin querer -estos fueron los más felices-. Y otros, los más, comenzaron a odiarla. Comenzaron a repeler el verla por las calles, el saber q estaba dentro de su casa, el intuir q podía haber andado por el mismo camino q ellos transitaban, pq sabían q aunq no las diera, seguía teniendo todas las respuestas. Y sin darse apenas cuenta se convencieron de que mientras la niña estuviera ahí, no podrían ser felices.
Y un día, sin más, la niña desapareció. Al final ya no quedó ni su recuerdo.
No sé si se la llevó su propio olvido. O quizás decidió irse a algun lugar donde nadie supiera lo que ella sabía. O quizás fue cosa de aquellos q no podían soportar su presencia.
Pero, aunque la niña ya no pudiera contestar a nadie, sus respuestas siguen estando ahí, y no hay ninguna manera de hacerlas desaparecer. |
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